mayo 29, 2007

Las velas encendidas no hacen daño...

Sábado por la mañana, almuerzo con las Perfectas Cabronas. Lugar, Los Tamales en Álvaro Obregón. Hora, 10 de la mañana.

Cómo disfruto los encuentros con mis queridas amiguis: Morgana, La Costeñita y Adelaida (sí, a la que le gusta que le canten al oído).

Ese sábado no fue la excepción. La plática cambió de un tema a otro. Entre las virtudes de una por cuidar a la abuela; las historias de niña de otra en su natal Acapulco; la valentía de otra por su independencia y el tema que se llevó la mañana: Adelaida y su dilema por el novio.

En esta ocasión nuestra querida Adelaida nos platicaba de la desesperanza que pasó durante la semana por culpa de la mascota en turno.

El chico en cuestión es buen mozo, atractivo, caballeroso, educado, culto, etcétera, etcétera, etcétera, pero, siempre hay un pero, es igual a todas las mascotas existentes.

Mi querida Adelaida salió en varias ocasiones con él, la última vez la mascota prometió llamarle. Pasaron los días, mi querida amiga se vestía como una reina todos los días, por si le llamaba. Se arreglaba como una muñequita de aparador, por si lo veía. Se perfumaba hasta los rincones brujos por si se ofrecía. Se posaba frente al teléfono por si llamaba. Ponía el vibrador al celular para que la llamada se tornara más interesante. Se aguantaba las ganas de ir al baño por si llamaba no la agarrara haciendo fuerza.

En fin, se la pasó en la espera de la llamada o el mensaje que nunca llegó. Pero mi querida Adelaida tomó fuerzas de sus adentros y le hizo una llamada, la cual la mascota ingrata nunca contestó. Ella, con lo comprensiva que es, le mandó un mensaje considerando que ese seguro que lo vería y lo contestaría. Nunca respondió.

A todo esto mi querida Adelaida enfurecida (la palabra correcta sería encabronada) recitó todas las groserías conocidas y hasta las inexistentes y juró que si la mascota llamaba le diría hasta la despedida: “Nunca más me busques, eres un verdadero idiota y me has perdido. Vete lejos de mí, a un baile a Chihuahua o si puedes más lejos.”

Pero cuando llegó la llamada y la mascota le argumentó un cuento chino como que el celular se le olvidó en casa de su abuelita, se pasó la semana estudiando porque tendría un examen dificilísimo, se quedó sin crédito, estuvo trabajando hasta altas horas de la noche sin comer ni dormir, etcétera. Mi querida Adelaida sin siquiera emitir una sola de las palabras antes planeadas aceptó la disculpa y por consiguiente la invitación a salir.

Al escuchar semejante confesión, mi estatus de Perfecta Cabrona no pudo soportarlo y me atreví a darle un recital como consejo.

Mi querida Adelaida, es bien sabido que por azares del destino las mujeres siempre terminamos enamorándonos de un perfect0 imbecil que nos hace ese tipo de cosas constantemente, es más, podría jurar que esos relatos los podemos contar una y otra vez con cada una de las mascotas en turno.

Pero hay algo que bien podría funcionar ante estas situaciones. Tener una velita de repuesto. Es cierto que las mascotas siempre actúan igual, pero el hecho de salir a divertirte con alguien más, hacer una cita con tus amigas para irte de farra, reunirte con tus ex compañeros y ex compañeras de la escuela, salir con algún pretendiente, divertitrte pero siempre cuidándote, te ayudará a aminorar la espera a que la mascota se digne a llamar.

Recuerda mi querida Adelaida, hay que tener varias velitas encendidas por si una se apaga... no te quedes a oscuras.

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